Saturday, February 26, 2011

4am
Sábado
Mensaje.
'¿Dónde estás?'
El hermano de Joline.
¿Por qué *** le di mi número? No. Se lo dió Joline. Si algún día vuelve me va a oir.
Modo avión.
1152pm
Domingo
Las ventanas de casa tienen luz.
Maldigo en voz alta y un mendigo se aleja de mí, asustado.
Nadie tiene llaves de casa. Nadie excepto Tom.
Subo los siete pisos arrastrando los pies con la certeza de lo que me espera al llegar: la puerta cerrada por dentro.
Me apetece gritarle pero me contento con aporrear la puerta. Le doy una patada que siento a través de las botas y me siento en el suelo a esperar. Quizás un par de horas después se abre la puerta a mi izquierda.
-Se acabó el drama, barbie. Ya ha pasado un mes.
No me muevo.
Me coge en brazos y me lleva al salón.
-He dicho que se acabó. Y lo digo en serio-repite.
No me apetece discutir.
-Le echo de menos, Tom.
Se sienta a mi lado.
-Ya. ¿Y qué? ¿Te crees con más derecho a llorarle que yo? ¿O acaso crees que pasar las noches drogada va a hacer que vuelva? ¿Cuantas noches has vuelto y ha estado aquí? ¿Te crees con más derechos que todas las viudas, madres, hijas y hermanas de todos los hombres que mató él? ¿O tú o yo?
Lo peor es que todo lo que ha dicho él ya lo he pensado yo.
-Siempre pensé que me matarían antes a mi.
-No te voy a dar vacacciones.
-No.
-Me da igual que llores por las noches. Sé que puedes seguir haciendo tu trabajo perfectamente.
Le miré fijamente.
-A veces disfruto, Tom. Y no me arrepiente sentirme así.
Sonríe tristemente y me besa la frente.
-Tenemos que sobrevivir, barbie.
Recoge sus cosas y se dirige a la puerta, pero se gira antes de llegar y me mira muy serio.
-Sólo puedes tomar éxtasis tres veces al meses. Y olvídate de la coca, el LSD y todo lo demás. Es una orden.


Hace dos semanas que me visitó Tom. La noche siguiente fue la primera desde el entierro que no tomé nada. Al contrario de lo que esperaba la tristeza no es mayor, anoche incluso le sonreí a un niño pequeño sin querer.
Ya tengo todo lo que necesito saber de mi objetivo, pero prefiero hacer tiempo antes de volver a casa a terminar el informe. Se me hace extraño caminar sóla frente a la puerta de La Bohème, pero sin saber por qué acabo parada en la acera de enfrente.
-¿Hoy no entras?
Me sobresalto al oir su voz a mi lado. Balbuceo algo patético.
-No, no-consigo decir-Estoy operativa.
-No como hace unas semanas... ¿eh?
-Calla.
-Oye-me toca la mejilla-Me lo dijo Joline el otro día...siento lo de Jack.
-Gracias.
Sigue teniendo la mano en mi mejilla. Se la aparto.
-¿Quieres que te acompañe a casa?
-No hace falta.
Se ríe un poco.
-Te acompaño hasta el rellano.
Me agarro a su brazo y comienzo a andar.
-¿Qué sabes de Joline entonces?
Se encoge de hombros.
-Trabajando. Sólo me llamó por lo de Jack. Desde que cambió de jefe apenas la veo. ¿Estabais juntos?
-No.
-Siempre me pareció que le querías.
-Era mi compañero. Nos cuidábamos.
-Yo puedo cuidarte ahora.
-Pablo no me vaciles, ahora no.
Se para en seco.
-¿Quién más sabe lo que haces? Vamos, ¿con quién más te has acostado que no sea Jack en los últimos seis años tenga una ligera idea de quién eres?
-Tú eres una buena persona, nosotros sobrevivimos-citó a Tom sin querer.
-Y no os judgo.
-Cuida a la azafata o la enfermera, que seguro lo necesitan  más que yo.
Se rie en mi cara.
-Me voy a África mañana. Vuelvo en dos semanas. Haz lo que tengas que hacer y vente conmigo a Copenhague, tengo una conferencia de tres días allí.
Me suelta y echa a andar.
Cómo le encantan los faroles.
-¡Eh! ¡Pablo!
Le sonrío cuando se gira y le lanzo la única copia que tengo de las llaves de casa. Sé que las coge al vuelo porque no las oigo caer. Camino hacia el portal sin mirarle.
Por primera vez en mi periodo de luto asumo que ya no está Jack.
Mientras Pablo me alcanza escribo a Tom para confirmarle algo que ya sabemos los dos desde hace días.
'Necesito cita en la clínica.
Voy a abortar'.





Siete

Friday, February 25, 2011


-Tiene la dama unos ideales curiosos. Me sorprende usted.
-No lo creo. Lo que le soprende es la idea de que alguien como yo pueda tener ideales.


Thursday, February 24, 2011


-Tiene su desarrollo.
-La decadencia me fascina más.
-¿Qué es el arte? -preguntó la duquesa.
-Una enfermedad.
-¿Y el amor?
-Una ilusión.
-¿La religión?
-Sustituto elegante de la fe.
-Oh, eres un escéptico.
-Nunca. El escepticismo es el comienzo de la fe.
-¿Qué eres, entonces?
-Definir es limitar.
-Dame una guia.
-Se han roto los hilos, te perderías en el laberinto.
-Me aturdes, hablemos de otra cosa.
-Nuestro anfitrión es un tema delicioso. Fue bautizado hace años con el nombre del Príncipe Encantador.
-¡Oh! No me recuerde usted eso. -exclamó el aludido.
-Nuestro anfitrión está más bien desapacible esta noche. -protestó ella.

Sunday, February 20, 2011





-Me lo monto muy mal, la verdad.

-Pues si, guapa.


-¡Eh!


-Me dirás qué no.


-Bueno, un poco si.


Y con su sonrisa infantil me acarició el muslo de aquella forma torpe que siempre estuve segura qué hacia a propósito y negó con la cabeza.

-¿Y ahora qué hacemos contigo?


Saturday, February 19, 2011

IX.

-¡Estás loca, Cassandra!


-¡No¡ ¡NO!
Atadas las muñecas y los pies colgados del techo, se balanceaba el cuerpo malherido de un hombre.
-Puedes elegir entre ser un traidor vivo, o un hombre leal muerto -le dijo la voz de una mujer desde las sombras, mientras Ector se acercaba a él con una larga vara de hierro ardiendo.
-¡No!

Los capitanes de Atenas se sentaban frente a ella en una larga mesa. A ambos lados de Cassandra, Ghaldok y Ariadne completaban la representación de su consejo.
-¡Venimos a firmar la paz y nos insultas! ¡El fin de la guerra por un hombre y tú lo escondes! 
Estaba furiosa.
-Esto no es lo que habíamos acordado. -oyó decir a su hermano.
Chrysò le peretenecía por derecho. Y la vida, el sufrimiento de aquél hombre... nadie le quitaría su venganza. Él la había convertido en lo que era, se decía.
Oyó decir algo a Neoptolomeo, pero estaba tan llena de rabia que ni siquiera se molestó en escuchar.
-¿DÓNDE ESTÁ, ALEJANDRO? 
-¡No lo sé! ¡No le ha visto nadie desde anoche!

-¿Y bien?
La sangre seca manchaba el suelo y las ropas del prisionero.
-Siete dias... siete dias. .. -sollozó.
Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro.
-Ector, es suficiente.
-Cassandra... Cassandra... Gracias, Cassandra... -murmuró el prisionero.
Ella se giró para mirarlo, dudó un momento, y luego le hizo una mueca a Ector.
-Que lo echen a los cerdos

-Entonces morireis todos.

-¡Estás loca, Cassamdra!

-Lo siento, Alejandro. 

Se produjo entonces la respuesta a su llamada. De todas partes de la ciudad, de cada recoveco, de cada esquina, liderados por Cronos, se escurrieron los hombres dispersados por Ghaldok, en dirección hacia la Ciudadela.
Las huestes de los Principes se abalanzaron sin piedad sobre los Guardianes de la Polis.
Los hombres de Neoptolomeo fueron los primeros en reaccionar, pero los soldados apostados en la entrada irrumpieron en la habitación mientras Ghaldok se sentia empujado hacia afuera por su hermana.
-¡Encontradlo! -les ordenó antes de desaparecer.

-¡Mircea! ¡Mircea!
Estaba alli, desorientado en medio de todo el tumulto. La miró extrañado, sin reconocerla.
-¡Mircea!
Ahora que lo veía, que lo sentia al lado, le parecía una crueldad matarlo. Le parecía tan cruel morirse... quizás podría escapar con él de alli. Refugiarse en alguna isla y dejar que la tomasen por muerta...
-¡Mircea!
-¿Quién eres?

Habian llegado a una pequeña terraza en los salones de la Ciudadela. Caminando entre los cuerpos sin vida la guió concienzudamente hacia el balcón para hacerla ver la Polis sumida en el caos.
-La sangre corre por nuestro hogar, de nuevo.
Ella asintió, perdida en algún ensoñamiento.
-Diles que paren. Hemos ganado. Ni siquiera sabemos si está aqui. No tiene sentido.
-¡No! Hasta que Mircea no muera no habré ganado nada.
-Nada puede borrar lo que ha pasado. Nada va a devolverte a tí misma.
-¡Mi señora! -exclamó entonces una voz- ¡Lo han encontrado!

-Ven conmigo, Mircea.
-He de luchar. No puedo abandonar la ciudad.
-¡Morirás si no lo haces!
-¿Por qué te preocupa? ¿Quien eres, mujer? Aparta. Si no llevases esas ropas de sacerdotida te habría matado ya, no pareces un guardian.
-No soy un guardián. Soy tu madre.
Intentó mostrarse inexpresivo, pero vió su expresión de sorpresa, la sombra de la duda. Y la confusión.
-¿Por qué habria de creerte?
-¡Mi señor Mircea! -gritó un soldado desde el piso superior- ¡Apártese! ¡Es la protectora de Cassandra!
Durante un instante Ariadne pensó que la flecha se clavaria en su pecho, pero los brazos de Mircea aferraron sus hombros y un grito le indicó que era el pecho de él en el que se habia hundido.
-¡Mircea!
-Eres real... Neoptolomeo me dijo que los principes te mataron cuando diste a luz. Pero mentia, le oí hablar sobre ti con Alejandro.
-Mircea....
¿Cómo iba a matarlo si no dejaba de mirarla de aquella forma?

-ARIADNE.

Ghaldok intentó detenerla, pero ella se escurrió y corrio hacia Ariadne y Mircea.
-Lo has encontrado, Ariadne.
-Vete, Cassandra.
La anciana se habia puesto de pie, y temblaba frente a ellos, con la voz rota.
-¿Qué?
-Tengo que matarle yo, Ghaldok. Ella lo humillará si lo hace, no puedo permitirlo. No puedo presenciarlo. Por favor, Ghaldok...

-Matarle es el único motivo por el que estoy aqui. ¿Qué te ocurre? No pienso irme.
-No voy a permitir que mates a mi hijo.
Por un momento se quedó paralizada, despues, para sorpresa de todos, se abalanzó sobre Ariadne.
-TU HIJO, TU HIJO... ¿es que no ves... ¿esque no sabes...
Sus manos descontroladas se acercaron peligrosamente al cuello de la anciana. Los puños cerrados hicieron amago de abrirse y encerrar el cuerpo de su protectora del mismo modo que encoerraron el de Victor.
-¡AH!
Pero Ghaldok habia clavado su espada en el vientre de Mircea, atrayendo su atención.
-¿Qué haces? ¡ES MÍO ES MÍO! -chilló, zafandose de Ariadne.
Ghaldok la esquivó mientras se abalanzaba sobre él.
Pudo ver de nuevo cómo las mismas manos que se habian llevado la vida del hijo se aferraban del mismo modo, en un intento desesperado de hacer lo mismo con la existencia del padre.
-¡No! ¡NO! 
No pudo evitar sostener a Ariadne por la cintura, mientras ella lloraba y suplicaba.
-Lo siento -le dijo al oido. Y ambos observaron mudos como  Cassandra, o lo que quiera que fuese que quedaba de ella aquella criatura, se llevaba consigo los últimos alientos de la vida de Mircea.
-Vámonos.
Ariadne calló de rodillas, en un baño de lágrimas, ajena a él, alargando la mano hacia los ojos del hombre.
-¡Ghaldok! ¡Quietos!
Antes de que se diera cuenta, Alejandro y dos hombres más habian entrado en el salón a la cabeza de una escuadrilla.
Ghaldok levantó instintivamente los brazos, alzando tambien la palma izquierda de su hermana consigo.

-¡Gh...
Iba a protestar cuando algo fuerte y pesado la golpeó inesperadamente en la cabeza.
Tambaleandose, perdió el equilibrio y se soltó de su hermano, cayendo de rodillas al suelo.
Cuando volvió a alzarse sintió lágrimas de dolor resbalando por la mejilla.
¿Cuanto tiempo hacia que no lloraba? pensó Doce años, quizás...

Wednesday, February 16, 2011

'Debí haberme marchado'.
Durante un instante el traicionero pensamiento rondó por mi cabeza. Lo deseché rápidamente.
No temía a la muerte. No creía, en realidad, que nadie temiese en sí a la muerte. Temían, me decía, al dolor, a la angustía, al sufrimiento. 
Pero yo no podía sentir dolor.
Eché un vistazo a mi alrededor. 
Mi escuadrón había quedado reducido a cenizas. Sólo Stephano y yo quedábamos en pie, y el enemigo no tardaría en aparecer y derrumbar las débiles defensas que habíamos conseguido crear alrededor de nosotros.
Habíamos perdido.
Nunca había creído querido creer a Marié. Siempre tuve, en el fondo, la esperanza de que estuviese equivocada.
Pero Marié tenía razón.
Y ninguno de nosotros, los invencibles, los supersoldados, iba a sobrevivir.
-¿Estás preparada?
Asentí, mientras sentía una punzada extraña en el pecho, y algo parecido a naúseas en mi estómago.
-Este es el fin, Stephano.
-Hemos resistido como hemos podido. 
-Es peor de lo que imaginé.
-Oh, podría haber sido peor... podríamos no haber ofrecido resistencia.
Me arodillé junto a él y me dejé caer en sus brazos, preparada a morder la cápsula que me quitaría la vida.
-Creo que me duele el alma.
-Ya ha acabado todo.
-Adiós, Stephano.
Sentí que posaba la palma de su mano sobre mis ojos, a la espera.
-Estoy orgulloso de tí, supersoldado.

Tuesday, February 15, 2011

Epílogo.


-La vistieron de blanco, y le adornaron el pelo con flores amarillas.
Alejandro en persona había ordenado que la bañasen y perfumasen. La presentó ante el pueblo como La Señora de la Guerra, la princesa más hermosa de Grecia, y una digna reina. 
De los muertos.
Después la cubrió con una capa de seda azul.
Ghaldok había envenedado la punta de la flecha para que su muerte fuese inmediata, e indolora. Y así fue. Un disparo limpio, directo al corazón. 
Dicen que no cerró los ojos. Que solo se oyó el silbido de la flecha mortal cortando el aire, y el golpe seco al caer en el mármol blanco. Sola.'

Cuando la multitud se hubo dispersado un hombre joven y apuesto, de cabellos dorados, se acercó a ella comiendo una manzana de color rubí.
-Tu madre no se llamaba Elena. Y tú padre no fué Ghaldok Lestarat. -le susurró al oido.
Tenía sus mismos ojos claros.
-No -susurró ella también- Pero sí soy una Lestarat.
Él sonrió.
-Hermana. -dijo, y se alejó, dejando caer tras él la manzana.

Monday, February 14, 2011


- Tengo mucho que contarte.
- ¿Qué ha pasado?
- ¡Me he prometido!
- ¡Enhorabuena! ¿Y quién es ella?
- Ella soy yo...
- ¿QUÉ?
- Osgood se me ha declarado. Pensamos casarnos en junio.
- ¿Pero qué estás diciendo? ¡Tú no puedes casarte con Osgood!
- ¿Demasiado viejo para mí?
- Jerry, ¿no estarás hablando en serio?
- ¿Por qué? El se casa y se divorcia constantemente.
- Jerry, es mejor que te acuestes. Tú no estás bien.
-¿Quieres dejar de tratarme como a una niña? No soy idiota. Ya se qué es un problema.
- Naturalmente que lo es.
- ¡Su madre! Eso es lo que me preocupa, pero me dará su consentimiento porque no fumo.
- Jerry. Hay otro problema más grave.
- ¿Ah si? ¿Cuál?
- Pues el viaje de bodas, imbécil.
- Ya hemos hablado de eso. Él quiere ir a la Riviera, pero yo me inclino por las cataratas del Niágara.
- Escúchame, Jerry, tú no estás en tus cabales ¿Cómo piensas arreglar eso?

- Esque no va a durar mucho, Joe, le diré la verdad en el momento oportuno. 
- ¿Cuándo?
- Inmediatamente después de la boda. Se solicita rápidamente el divorcio, él asigna una cantidad mensual para mis gastos ...y yo a vivir tranquilamente el resto de mis días. Nina, na, nina ...
- Jerry, Jerry ... eso que dices, no puede hacerse.
- Shhhh. Joe, no tendré otra ocasión de casarme con un millonario.
- Jerry...  Olvídate de este asunto. Convéncete de que eres un hombre. ¡Eres un hombre!
- Soy un hombre.
- Eso está mejor. 
- Soy un hombre, soy un hombre. Ahh, qué desgracia la mia, ya no sé lo que soy. Soy un hombre ¡caramba! y ¿qué voy a hacer con el regalo de compromiso?
-¿Qué regalo?
- Osgood me ha regalado una pulsera .
- ¡Y son brillantes auténticos!
- ¿Creías que mí prometido iba a regalarme cualquier cosa?

Sunday, February 13, 2011

Prólogo.

-Mi madre se llamaba Elena, como Elena de Troya...

Decían que no había vivido doncella junto a ella que la superase en belleza y gracia. Ahora ya no era tan joven, pero seguía guardando aquellas muestras de gentileza, y no había dejado de ser hermosa. 
Las mañanas de los domingos, los jóvenes de la Polis se arremolinaban a su alrededor a escuchar sus historias, pues su voz era cantarina y armónica, también.

-Y lo cierto es... -llegado a este punto sonreía, perdiendose en su propia broma- que su madre había nacido en Troya. Pero ella era  espartana, hija del Rey de Esparta, quién la entregó en matrimonio al desterrado Señor de Chrysò durante la Guerra de los Principes, prometiendole sus lanzas y espadas en la lucha para recuperar su ciudad. Así pues, mi padre fue, Ghaldok Lestarat...



Saturday, February 12, 2011



-Si tengo que aguantarte aqui todo el dia vamos a poner unas normas. 

-¿Qué normas? 

-Lo que me dé la gana, basicamente. 

-Perfecto.


Thursday, February 10, 2011



-Irnos supuso un sacrificio,
pero no sólo porque abandonabamos nuestro mundo,
si no porque en la huída nos atacaron
y perdimos gran parte de nuestro material,
nuestra investigación,
nuestra arma,
reducida a pedazos
o perdida en el fondo del mar.
Nuestras mejores mentes,
caídas
la mayoría de ellas.
Sólo unos pocos conseguimos llegar.

Nos había llevado a la otra costa de la isla
desde allí habíamos podido comprobar que, efectivamente, se trataba de un 
pequeño archipielágo,
Las Islas.
Apoyado en un largo bastón de marfil,
nos guiaba a través de laboratorios y salas de ordenadores vacías.
Estimé que al menos sesenta años separaban
la tecnología polvorienta
que nos acogía de nosotros.

-Pero no todos nos fuimos.
Algunos de nosotros quedaron atrás,
como ya sabeis.
escondidos unos,
infiltrados otros,
y, junto a nosotros, a la espera.

-¿A la espera de qué?

-De poder recuperar nuestro secreto,
de poder fabricar de nuevo nuestras armas.
De devolver la paz 
que le fué arrebatada al mundo.
A vosotros,
muchacho.
Hemos pasado setenta y cinco esperando
que nuestros aliados nos 
enviasen la clave.
Y esa clave, sois vosotros.

Mi compañero y yo nos miramos,
quizás ninguno de los dos se había planteado realemente 
qué esperaban realmente de nosotros allí.

-¿La clave exactamente de QUÉ? -
me atreví a preguntar.

-Oh, vereis. Venid.

Nos guió a través de un enorme pasillo blanco, que
terminaba en una puerta enorme,
aparentemente pesada.

-Bienvenidos al corazón de Las Islas.










Monday, February 7, 2011

VI.

-Debemos ir al templo, tengo la sensación de que algo horrible va a suceder allí.
La anciana no se movió, apoyada en el muro blanco, contemplando el mar, extendió sus manos hacia él, acariciándole el rostro.
-Eres un buen hombre.
-Sólo soy un hombre que protege a un monstruo.
-Déjame matarle a mí. Ella... ella lo humillará, lo destrozará...
Se puso tenso.
-Quizás lo merezca.
-Quizás no.
-¿Por qué defiendes a un hombre que violó a una niña?
-¿Por qué defiendes tú a una mujer qué mató a su hijo con sus propias manos? -le preguntó.




Era la primera vez en cuatro años que se atrevia a estar a solas con él. La primera vez que le cogía la mano y le dejaba caminar con ella. Incluso le habia besado la frente. Era la primera vez que entraba en su dormitorio. 
Alli, cuidadosamente colocado sobre un baul junto al balcón, estaba su vestido azul.
-¿Qué es eso, Victor?
-Es el vestido de mi mamá, me lo dio Ariadne. Algún dia vendrá a buscarme y me llevará a casa.
'A casa'
-Tú no tienes casa.
-Claro que tengo. Y una mamá preciosa. Y vendrá a buscarme un dia.
La visión del crio quedó empañada por una suave cortina de lágrimas. Su vestido azul...
-Tú no tienes madre.
-Claro que si.
-¡No! ¡NO! ¡Tu madre está muerta! ¡MUERTA! ¿Me  oyes? ¡Muerta! ¡Y no va a volver a por ti! ¡Nunca!
-¡No! ¡Mi mamá va a venir!
-¡No! 
Sin darse cuenta arrojó el vestido al suelo y se abalazó sobre el crio, tratando de callarlo.
-¡NO!
El olor a pánico lo inundaba todo.
Victor ya no chillaba, aterrado, aferraba su muñeca con esas manitas blancas y pequeñas, intentando  separarlas de su garganta.
-¡NONONO!
Trató de colocarlo contra la pared, pero se resbaló con su orina y ambos cayeron hacia delante.
La cabeza de él con un golpe seco en el suelo, las manos de ella intentando sujetarle.
Y entonces la presión cesó sobre sus muñecas.
-No...




-Porque es mi hermana.
Ariadne sonrió con melancolia.
-Él es mi hijo.


Friday, February 4, 2011


Tom solia decir que después de haber matado y ordenado matar a tanta gente, estaba convencido de que él tambien moriria asesinado. 
Pero Jack no era Tom.

-No llores, barbie.
23:56, hora de llegada del sujeto.
Se suponia que tenia que llegar al garaje a esa hora, bajarse de su limusina acompañado de sus dos gorilas, 
y morir.
 Limpio, de una sola bala.

-No estoy llorando.
Jack solo se rió. Si no hubiese estado ensangrentado en mis brazos yo también me habria reido.
-Claro que no.
-Tom está al venir...
Se suponia
Porque la limusina apareció a las 23:48. Y con él no habia dos gorilas si no cuatro.
-Nos estaban esperando.
Luego no sabria recomponer enteros mis recuerdos, pero a la mañana siguiente tuve constancia de haberle perseguido un par de filas de coches mientras Jack me cubría.
De alcanzarle en la pierna, en la cadera, y finalmente en el pecho, antes de disparle una última vez al lado izquierdo de la cabeza. 
Nada limpio.
De volver corriendo y llevarme un par de gorilas por delante.
De caer al suelo mientras la limusina desaparecia a toda velocidad, dejando atrás su cadaver.

-Nunca lo habia imaginado así.
-No digas eso...
-Eh, mirame.
00:36, entrega de vehiculo con cuerpo dentro.
Pero no hubo ningún vehiculo a las 00:36 en el destino fijado.
Rehice seis veces el torniquete improvisado con mi pañuelo sobre la herida.
Comprobé la hora a las 00:28, a la 1:09, a las 2:23, a las 3:00,
y maldije a Tom por no haber llegado aún.
-Aguanta, vamos. Cómo un hombre.
-Al menos sabrás que no he muerto viejo y solo.
-Jack
-Habria sido un viejo cascarrabias insoportable, ¿no crees?
Me rei.
¿Cómo no me iba a reir?
-Ya, barbie. Ya está.
-Jack...
Entonces llegó Tom.
Nuestro jefe se arodilló a mi lado y volvió a rehacer mi torniquete. No le hizo falta hablar con Jack.

No volvi a sugerir el hospital.
No volvi a mirar la hora. 
Nos quedamos alli sentados, 
quizás diez minutos, quizás un par de horas más.
 La cabeza de Jack apoyada en mis rodillas. Las manos de Tom en su herida. Las mias en su mejilla.
Pero Jack no era Tom,
y yo no estaba dispuesta a dejar morir a mi amigo alli, en mis brazos, en el suelo sucio de un garage.
Pero no habia nada qué hacer.
-Vamos, pequeña. Vamos a casa. 
Seis

Tuesday, February 1, 2011

-No puedes hacer eso.
-Bueno, puedo hacer lo qué me dé la gana. -le dije,
 y sali indignada de la habitación.