Wednesday, September 1, 2010

I.

El sol aun no habia salido cuando se despertó. Los cabellos dorados caían sobre su frente alborotados.
Le costó un par de minutos recordar donde estaba. Entonces vino a su mente poco a poco una noche envuelta en ruido, sexo, y confusión, seguida de varios días de cautiverio, y contempló con un suspiro los barrotes que le hacian prisionero.
-Ghaldok.
Una voz murmuró desde las sombras. Su dueña estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Se acercó a ella al tiempo que contenía una arcada. La sujetó por los brazos y le recogió el pelo. Estaba helada, pensó al oler el vómito. Tambien estaba deshidratada, era el qinto día que pasaba llorando y vomitando, ¿o el tercero? El tiempo pasaba lento en la oscuridad. Ni siquiera sabía si era día o noche.. 
-¿Mejor?
-¡NO! ¿Es que no estabas alli?

Hace mucho tiempo, le habia contado una vez una mujer, los Guardianes solían ser los elegidos para convertirse en Filósofos y aconsejar a los Principes, transmitiendo su sabiduria. Mientras duraba el proceso de aprendizaje y conversión, los Guardianes mas jóvenes tenian la tarea de defender la ciudad.

Habia estado alli, por supuesto. Cristales rotos. Los cuerpos de los criados esparcidos por el patio. Los mueblos desordenados y tirados. Y el lecho. Los Principes Lestarat asesinados en su propia cama.
Y luego llegaron Ellos.

Se les llamaba asi porque guardaban la paz. 
Pero la paz es efímera
Un dia, un grupo de jóvenes decidió un dia levantarse contra los Filósofos y sus maestros, y contra los Principes, a quienes odiaban, dijeron.
 No les parecía justo ser entrenados como guerreros y servir con sus vidas, para tener que abandonarse al cautiverio de los libros y el celibato después. 
Los Principes lo tenían todo, sin embargo. Podían tener hijos sin que fueran arrebatados de los brazos de sus madres. Podían elegir una esposa con la que compartir el lecho al caer la noche. Y para colmo, eran ellos, los Principes, los jefes del ejército, ellos que no ponían su cuerpo y alma en defender Chrysò, quienes daban órdenes a los Guardianes, sus verdaderos protectores.
Enfurecidos, quemaron templos, violaron mujeres, y mataron hombres en su camino a la Ciudadela en busca de una respuesta de los Filósofos.

Mientras se resistía a un grupo de ellos en el patio podía oirla gritar y forcejear.
Aún sentia el sabor a sangre en la boca.
-Entonces déjame -musitó ella ante su silencio.
-Vamos a hacerles pagar por lo que te hicieron. Voy

Una alianza de Guardianes que no se habian sumado a la revolución se unió a un puñado de hombres libres para ayudar a los Principes a detenerlos.
La lucha fue sangrienta y despiadada. Los guardianes rebeldes cayeron y fueron entregados a los pocos Filósofos que quedaban vivos. Los Filósofos los perdonaron por obrar en ignorancia del bien, pero todas sus tareas militares fueron relegadas a los Principes, a los que se unieron los guardianes leales que habian resistido.
Los Guardianes serían apartados de todas las armas para evitar una nueva rebelión... o de casitodas.

-¡Los mataria uno a uno si pudiera! Y a él... a ÉL le desgarraré con mis propias manos.
Se levantó furiosa y pegó un golpe en la pared, resplandeciendo el rostro bajo las antorchas. En él habia restos de sangre y polvo.
Entonces se oyó un estruendo en la parte superior de las mazmorras, y poco después las puertas de hierro se abrieron chirriando.
-¡General! ¡Dos prisioneros! -dijo una voz aguda desde la entrada, que a Ghaldok le resultó familiar.
-¿Quien sois? -le preguntó un crio apenas unos años más joven que él, acercando la antorcha a su rostro.
-Ghaldok Lestarat.
-Lestarat...
-¡Sacalos de ahi muchacho! ¿A qué esperas? -gritó entonces una voz detrás del chico, y un hombre canoso con las proporciones de un armario se acercó a él- Los Guardianes de esta Polis han caido.


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