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Tuesday, March 6, 2012


Estaba levantandome para irme cuando noté una mano en el hombro, y oí una voz femenina que ordenaba al hombre a marcharse.
Apenas la habia visto cinco minutos en una foto, pero, casualidades, la reconocí al instante.
No podía ser.
-Creo que sabe quien soy.
-Estabas muerta. 
Un brillo de tristeza asomó en sus ojos.
-¿Eso dijo?
Asentí.
-¿Qué quieres? 
-Le echo tanto de menos...
-Todos le echamos de menos. ¿Por qué vuelves ahora? ¿Por qué no le buscaste antes de que muriese?
Entonces se rió. Igual que se reía él.
-Oh Jack... ¿no te lo dijo? Fue él quien desapareció, quien me esquivó de todos los modos posibles, quien me consideró muerta... Jack no quiso volver a verme. ¿Tampoco te lo dijo?
-¿Por qué?
-Le engañé -dijo cabizbaja- Jamás debí hacerlo. Jamás pudo perdonarme.
-¿Y ahora que quieres?
-Quiero saber cómo murió. 
La miré evaluándola.
-Una vez le dije a Jack que ibamos a morir solos. Y me dijo que al menos no moririamos viejos. Al menos no cargariamos con la soledad. Supongo que él ya cargaba demasiada.
-Por favor... Sólo quiero saber como murió. 
Suspiré.
-Murió en mis brazos...






Volví a encontrarmela una vez más. 
Me hizo gracia darme cuenta de que las dos habíamos comprado rosas blancas. Supuse que, como yo, lo haría todos los años, pero mi costumbre de visitar la lápida de madrugada, recordando las largas horas en aquél garaje, había hecho que nos evitasemos.

-Este año has venido más tarde.
Sonreí tristemente.
-Acabo de aterrizar.
Asintió y se sentó en el suelo. Sentí que estorbaba.
-Volveré luego, no te interrumpo.
-No.
Me agarró la mano con una fuerza que no esperaba.
-Necesito compañía. Le echo de menos.
-Yo también.
-La última vez que le vi... llegué a creer que me había perdonado.
-Creo que no te odiaba.
-No. No me odiaba, pero no me perdonó. Te dijo que estaba muerta, ¿no?
Bajé la mirada a mis rosas y empecé a acariciar los petalos de una, tras un simple 'Hugh'.
-Nos encontramos cerca de una de esas cafeterías tan hipster. No, nos encontramos. Le encontré. Llevaba días buscándole. Había ensayado mi discurso tantas veces... Le había dicho tantas veces al espejo cuanto le quería... Le había pedido tantas veces perdón... Y ahora no sabía qué decirle. Y él... él me habló de ti.
Miró instintivamente mi regazo y la mano que despezaba sin querer el capullo de la desafortunada rosa.
-¿De mí?
Asintió, timida.
-Me habló de ti... de tu... enfermedad. Estaba muy preocupado. Hacía años que no le veía, pero pocas veces le había visto tan preocupado... Con la mirada tan ausente...
No recuerdo como la miré. Durante unos segundos  le odié.
'Me has traicionado, Jack. Le has contado a alguien mi secreto. Yo confiaba en tí'.
Después me reí de mi misma. 'Le he contado tu secreto a alguien que no sabe quien eres, a alguien que hace años que no veo y que jamás volveré a ver. ¿Sigues creyendo que te he traicionado, barbie?'. Incluse pude imaginar su mueca. No podía odiarle. Tenía derecho. Se me rompió el corazón en pedazos al pensar en lo que le había hecho al compartir con él mi tortura.
-Oh.
-No podía hablarme de vuestro trabajo. Las notas de mi discurso se morían en mi laringe. Asique me habló de ti. De su preocupación. De como tenía alguien para quien cocinar. De tus regalos inesperados. De tus affairs (no quise oir los suyos). Y te estuve tan agradecida... Pensé en ti durante días. Durante horas habló para mi. Siempre pensé que simplemente se daría la vuelta, mudo. Apenas recordaba su voz.
-No sé que decir.
-Después de despedirnos le seguí. Y allí estabas tú, esperando en el portal porque habías perdido las llaves. Y sonreiste tanto al verle...
Me reí. Si Jack supiese que había sido tan torpe de dejarse seguir... o quizás no había sido tan torpe al fin y al cabo, ya no lo sabría.
Le sonreí a ella.
-Llevaba dos horas esperando. Me habían robado todo... -traté de quitarle importancia- Tú también habrías sonreido así. 
-Supe que jamás me iba a perdonar. Me rendí. Pero esa tarde había confiado en mí. Gracias. Gracias.
De verdad no sabía qué decir. Debió de haberle de quererle mucho, a pesar de, pensé.
-De nada, supongo.
Me levanté y me fuí, los petalos de la rosa aún encerrados en el puño. Apenas había andado unos pasos cuando sentí la incontrolable necesidad de girarme hacia ella.
-Nunca dejó de quererte.
No la volví a ver.

Nueve



Saturday, June 18, 2011

-¿Y tú?

-¿Yo qué?

-¿Cómo has acabado aqui?

-Wrongmoment, wrongplace.

No sé dónde le ve la gracia, pero se rie. Pero claro, Jack siempre se rie conmigo.

-Muy tuyo.

¿Cómo he acabado aqui? Vibra su teléfono, pero lo ignora, su cerveza le parece más interesante.

-Me dejé engañar, cómo todos.

-¡Qué dramática eres! ¿Sabes qué creo?

Una siempre quiere saber qué cree Jack. 
Si no es una observación devastadora, entonces es un halago casi orgásmico. Siempre gana la curiosidad. 

Agito los hielos de mi vaso casi vacio para hacerle esperar.

-¡Oh, vamos! Claro qué quieres saberlo.

-Hahaha.

Esperar desespera a Jack. Y a mi me encanta hacer desesperar a Jack. Es mi venganza por creerse más inteligente qué yo.
Todos los hombres qué conozco se creen más listos que yo. 
Quizás porque realmente lo sean, quizás porque tengo la costumbre de parecer más tonta de lo qué soy. Quizás por eso haya acabado aqui.

-Sorprendeme.

-Qué a ti no tuvieron qué engañarte.



Dos.

Wednesday, April 27, 2011



-¿Me llevas a casa o me vas a dejar coger un taxi descalza?


Apenas una hora después me dejo caer en el sofá del que se supone que es mi nuevo hogar, seguido de un gemido de cansancio.
-La próxima vez que tengamos que vestirnos de etiqueta elijo yo mis zapatos.
Se ríe mientras derrama una botella de whiskey sobre dos vasos con hielo.
-He de confesar, pensé que te romperías como una muñeca de porcelana antes de apretar el gatillo -comenta distraído, acercándome el trago. 
Lo rechazo con la mano y me levanto, señalándole el vodka. No tolero demasiado bien el whiskey.
-No sé si indignarme o recordártelo la próxima vez que entrenemos, Jack, todavía tengo heridas de la semana pasada.
-Bueno, es tu primero... ¿no? A veces es dificil.
Llevo un mes y cinco días viviendo aquí, después de un año y medio de hoteles y saltos entre ciudades en los que la única compañía fija que he tenido ha sido él, aún así no sé si puedo llamar a estas paredes hogar. Aún.
-Intencionadamente sí.
-Oh, ya veo...

Uno.

Saturday, April 23, 2011


-Feliz cumpleaños.

Un Jack resacoso me sonrió cansado desde el marco de la puerta.

-Treintayseis... -suspiró- Te habria invitado a algo anoche, pero estaba demasiado ocupado poniendome borracho en ese irish que te gusta tanto.

-Y yo que tenia esto para regalarte...

Miró con curiosidad mi mano abierta y tornó una mirada maliciosa.

-Eres una maldita bruja, barbie...

-Ya. Por eso te compré esto otro, porsiacaso.

Cogió su vinilo favorito de mi regazo y, cuando descubrió lo que era, me dió un beso en la frente y se tiró en el sofá.

-El éxtasis tambien es mi regalo, no te lo vas a quedar, por lista.

-Allyours.

-Treintayseis -repitió para si- ¿Cuantos, barbie? Siempre se me olvida.

-Treintaydos.

-Tengo un ático, ¿sabes? Precioso, en el centro. Te gustaria, muy de tu rollo. Lo compré con treintaydos. Pensé, 'En cuatro años me retiro, no quiero vivir en un hotel, y seguro que me da pereza buscar un alquiler'

-¿Y que piensas ahora?

-Que quizás no deberia retirarme. Soy como un crio, un crio que se ha pasado la noche en la barra de un bar porque no queria volver a casa y pensar que, ya son casi diez años desde que lo dejé todo. Que ya no puedo volver. Que no tendré una viuda cuando muera, quizás antes de los cuarenta.

-Yo no quiero morir vieja, Jack.

-No. Yo tampoco. Es demasiado tiempo solo.

-Nunca he pensado en comprar un atico. No suelo pensar en el futuro.

-¿Sabes? Todavia me acuerdo de ella, aveces, Me queria. Me queria con esa forma de querer que tienes tú. Podia dejarse querer por media ciudad, para al final, solo quererme a mi.    

Sonrei.

-Quizás aún te quiera.

-Murió hace años.

-Oh.

-Prométeme que vendrás a verme a mi atico, barbie, ¿eh? 

-Cada año, por tu cumpleaños.


Tres.

Saturday, February 26, 2011

4am
Sábado
Mensaje.
'¿Dónde estás?'
El hermano de Joline.
¿Por qué *** le di mi número? No. Se lo dió Joline. Si algún día vuelve me va a oir.
Modo avión.
1152pm
Domingo
Las ventanas de casa tienen luz.
Maldigo en voz alta y un mendigo se aleja de mí, asustado.
Nadie tiene llaves de casa. Nadie excepto Tom.
Subo los siete pisos arrastrando los pies con la certeza de lo que me espera al llegar: la puerta cerrada por dentro.
Me apetece gritarle pero me contento con aporrear la puerta. Le doy una patada que siento a través de las botas y me siento en el suelo a esperar. Quizás un par de horas después se abre la puerta a mi izquierda.
-Se acabó el drama, barbie. Ya ha pasado un mes.
No me muevo.
Me coge en brazos y me lleva al salón.
-He dicho que se acabó. Y lo digo en serio-repite.
No me apetece discutir.
-Le echo de menos, Tom.
Se sienta a mi lado.
-Ya. ¿Y qué? ¿Te crees con más derecho a llorarle que yo? ¿O acaso crees que pasar las noches drogada va a hacer que vuelva? ¿Cuantas noches has vuelto y ha estado aquí? ¿Te crees con más derechos que todas las viudas, madres, hijas y hermanas de todos los hombres que mató él? ¿O tú o yo?
Lo peor es que todo lo que ha dicho él ya lo he pensado yo.
-Siempre pensé que me matarían antes a mi.
-No te voy a dar vacacciones.
-No.
-Me da igual que llores por las noches. Sé que puedes seguir haciendo tu trabajo perfectamente.
Le miré fijamente.
-A veces disfruto, Tom. Y no me arrepiente sentirme así.
Sonríe tristemente y me besa la frente.
-Tenemos que sobrevivir, barbie.
Recoge sus cosas y se dirige a la puerta, pero se gira antes de llegar y me mira muy serio.
-Sólo puedes tomar éxtasis tres veces al meses. Y olvídate de la coca, el LSD y todo lo demás. Es una orden.


Hace dos semanas que me visitó Tom. La noche siguiente fue la primera desde el entierro que no tomé nada. Al contrario de lo que esperaba la tristeza no es mayor, anoche incluso le sonreí a un niño pequeño sin querer.
Ya tengo todo lo que necesito saber de mi objetivo, pero prefiero hacer tiempo antes de volver a casa a terminar el informe. Se me hace extraño caminar sóla frente a la puerta de La Bohème, pero sin saber por qué acabo parada en la acera de enfrente.
-¿Hoy no entras?
Me sobresalto al oir su voz a mi lado. Balbuceo algo patético.
-No, no-consigo decir-Estoy operativa.
-No como hace unas semanas... ¿eh?
-Calla.
-Oye-me toca la mejilla-Me lo dijo Joline el otro día...siento lo de Jack.
-Gracias.
Sigue teniendo la mano en mi mejilla. Se la aparto.
-¿Quieres que te acompañe a casa?
-No hace falta.
Se ríe un poco.
-Te acompaño hasta el rellano.
Me agarro a su brazo y comienzo a andar.
-¿Qué sabes de Joline entonces?
Se encoge de hombros.
-Trabajando. Sólo me llamó por lo de Jack. Desde que cambió de jefe apenas la veo. ¿Estabais juntos?
-No.
-Siempre me pareció que le querías.
-Era mi compañero. Nos cuidábamos.
-Yo puedo cuidarte ahora.
-Pablo no me vaciles, ahora no.
Se para en seco.
-¿Quién más sabe lo que haces? Vamos, ¿con quién más te has acostado que no sea Jack en los últimos seis años tenga una ligera idea de quién eres?
-Tú eres una buena persona, nosotros sobrevivimos-citó a Tom sin querer.
-Y no os judgo.
-Cuida a la azafata o la enfermera, que seguro lo necesitan  más que yo.
Se rie en mi cara.
-Me voy a África mañana. Vuelvo en dos semanas. Haz lo que tengas que hacer y vente conmigo a Copenhague, tengo una conferencia de tres días allí.
Me suelta y echa a andar.
Cómo le encantan los faroles.
-¡Eh! ¡Pablo!
Le sonrío cuando se gira y le lanzo la única copia que tengo de las llaves de casa. Sé que las coge al vuelo porque no las oigo caer. Camino hacia el portal sin mirarle.
Por primera vez en mi periodo de luto asumo que ya no está Jack.
Mientras Pablo me alcanza escribo a Tom para confirmarle algo que ya sabemos los dos desde hace días.
'Necesito cita en la clínica.
Voy a abortar'.





Siete

Friday, February 4, 2011


Tom solia decir que después de haber matado y ordenado matar a tanta gente, estaba convencido de que él tambien moriria asesinado. 
Pero Jack no era Tom.

-No llores, barbie.
23:56, hora de llegada del sujeto.
Se suponia que tenia que llegar al garaje a esa hora, bajarse de su limusina acompañado de sus dos gorilas, 
y morir.
 Limpio, de una sola bala.

-No estoy llorando.
Jack solo se rió. Si no hubiese estado ensangrentado en mis brazos yo también me habria reido.
-Claro que no.
-Tom está al venir...
Se suponia
Porque la limusina apareció a las 23:48. Y con él no habia dos gorilas si no cuatro.
-Nos estaban esperando.
Luego no sabria recomponer enteros mis recuerdos, pero a la mañana siguiente tuve constancia de haberle perseguido un par de filas de coches mientras Jack me cubría.
De alcanzarle en la pierna, en la cadera, y finalmente en el pecho, antes de disparle una última vez al lado izquierdo de la cabeza. 
Nada limpio.
De volver corriendo y llevarme un par de gorilas por delante.
De caer al suelo mientras la limusina desaparecia a toda velocidad, dejando atrás su cadaver.

-Nunca lo habia imaginado así.
-No digas eso...
-Eh, mirame.
00:36, entrega de vehiculo con cuerpo dentro.
Pero no hubo ningún vehiculo a las 00:36 en el destino fijado.
Rehice seis veces el torniquete improvisado con mi pañuelo sobre la herida.
Comprobé la hora a las 00:28, a la 1:09, a las 2:23, a las 3:00,
y maldije a Tom por no haber llegado aún.
-Aguanta, vamos. Cómo un hombre.
-Al menos sabrás que no he muerto viejo y solo.
-Jack
-Habria sido un viejo cascarrabias insoportable, ¿no crees?
Me rei.
¿Cómo no me iba a reir?
-Ya, barbie. Ya está.
-Jack...
Entonces llegó Tom.
Nuestro jefe se arodilló a mi lado y volvió a rehacer mi torniquete. No le hizo falta hablar con Jack.

No volvi a sugerir el hospital.
No volvi a mirar la hora. 
Nos quedamos alli sentados, 
quizás diez minutos, quizás un par de horas más.
 La cabeza de Jack apoyada en mis rodillas. Las manos de Tom en su herida. Las mias en su mejilla.
Pero Jack no era Tom,
y yo no estaba dispuesta a dejar morir a mi amigo alli, en mis brazos, en el suelo sucio de un garage.
Pero no habia nada qué hacer.
-Vamos, pequeña. Vamos a casa. 
Seis

Sunday, January 2, 2011



-Has venido.
-¿Cómo iba a no venir?
Postrado en aquella cama, conectado a aquellos tubos cómo un muñeco,  ojeroso, y despojado de sus trajes con chaqueta y corbata, la edad y la enfermedad parecen haber consumido a Tom hasta reducirle a una figura apenas reconocible. Hasta su débil voz lo traiciona convirtiendose en una estruendosa tos cuando trata de contestarme.
-¿Sabes quien ha venido? NADIE. 
-Siempre me ha gustado ser diferente. -le replico colocando mis rosas blancas en un jarrón junto a su mesilla.
-Es el vigésimo ramo de rosas que llega, ¿sabes? -dice con melancolía- No ha venido nadie. 
-No podia no venir.
-Nadie que no quiera algo. ¡Solo quieren despedazarme pequeña!
-Algo he oido.
-¡Claro qué has oido! ¡Seguro que ahora mismo están reunidos! ¡Tramando cómo repartirse mi imperio! ¿Y sabes qué?
-Solo son ratas, Tom.
Cojo su arrugada mano para ponerla en mi regazo. Ojalá supiese consolar.
-Y arrasarán con todo. Escucha pequeña, ¿lo quieres? Puedo dartelo. Todo. Sólo pidemelo. 
-No puedo. 
-Se te daba tan bien...
Le doy un beso protector en las manos entrelazadas, y le coloco las palmas en mi vientre.
-Tres meses. -respondo a su mirada sorprendida.
-Vaya, vaya, pequeña.
Y sonrie. 
No he visto sonreir a Tom desde que le diagnosticaron el cáncer.
Llevo dos años visitandolo cada mes, ¿cómo voy a abandonar a un anciano solitario? Sobretodo cuando, si no me hubiese reclutado para su ejercito de mercenarios modernos, alejándome del momento mas negro de mi vida, quizás no me hubiese convertido en lo que soy ahora.
-Escúchame. ¿Recuerdas el primero de mis pisos en el que viviste? ¿Tienes la llave aún?
Hago memoria y recuerdo que me ordenó no deshacerme de ella, jamás.
-Ahá.
-Coge esa llave y ve a Zürich. Todo lo que hay en mi cuenta es tuyo.
-Tom...
-No. Prométemelo. Mis hijos están muertos. Jack está muerto. ¿Vas a dejar que se lo queden esas ratas? Tú eres lo único que me queda, pequeña. Eres la única que ha venido a verme.
-No soy nadie...
-Di que me lo prometes. Dimelo.
No necesito ese dinero. No puedo cogerlo. Pero no sé que me da más asco, quedarme con la fortuna de Tom, o dejar que las ratas se lo repartan entre ellas.
-Para el bebé. Jamás vi nacer a mi nieto.
Este bebé jamás tendrá un abuelo.
-Te lo prometo.

Epílogo


Thursday, December 10, 2009

X.

-Ghaldok... se ha acabado.
Lo dijo sin alegría, inmutable, seca.
Sí. Se había acabado. Hacía horas que los cadáveres, de principes y guardianes, ardían en la plaza.
Se acercó a la cama.
-Durante unas horas creí que no despertarías.
Rió amargamente.
-Ojalá no hubiese despertado.
-Lo mataste... al fin.
-Lo maté...
Silencio.
Algo la atormentó de repente.
-¿Ariadne...?


-Ariadne.
Alejandro y sus hombres los tenían rodeados, su hermana yacía sin conocimiento en el suelo, era inútil oponer resistencia. Ghaldok tampoco quería oponerla.
La anciana se había arrodillado junto al cuerpo de Mircea y se aferraba a su pecho parado derramando lágrimas silenciosas. Intentó levantarla, pero ella se zafó de su brazo violentamente.
Entonces Neoptolomeo se arrodilló también, junto a ella, tomó sus manos y le dijo algo que Ghaldok no llegó a oir.
-¡Deberías haber educado a mi hijo!
El silencio de su llanto se quebró después de aquél grito de agonía.
Neoptolomeo intentó calmarla, pero ella tomó la espada que colgaba de la cintura de él y se puso en pie, amenazante.
-¡Ariadne, ya no tiene sentido' -gritó Alejandro.
Pero Ghaldok adivinó sus verdaderas intenciones.
-¡Ariadne NO!
Cuando quiso abalanzarse sobre ella, el acero había atravesado el estómago, y un reguero de sangre manaba de sus labios.

-Se mató a ella misma.
-Oh...
-Alejandro nos ha ofrecido un pacto...

-Creo que todos estamos hartos de guerra, ¿me equivoco, Ghaldok?

-Estoy cansada. De guerras. De política...

-El gobierno de Atenas corresponde a los Lestarat por derecho, no puedo negarlo, toda la ciudad insiste en que he de cederos el poder de la Polis...
-Pero...
-Pero La Señora de la Guerra ha infringido demasiado dolor a nuestro pueblo como para olvidarlo.

-Estoy embarazada.
Lo sabía. No se lo había dicho aún, pero lo sabía. Venía un par de meses sospechándolo.
-Alejandro no se atreverá a matarte hasta que nazca.
-¿Y si no se enterase?
-Se lo debes a Cronos. Es su hijo.
-Estoy cansada, Ya no me queda nada...
-Te quedo yo.
-Pero no tengo nada por lo que luchar. Pensaba que matarlo me devolvería a la vida, pero me siento más vacía aún.
-Se lo debes a Cronos...




CINCO MESES DESPUÉS.

-Quiero que lo hagas tú, Ghaldok.
Aquello le pilló desprevenido.
-Sé que no fallarás.
No le dejó decir nada, le tomó ambas mejillas entre las manos y lo acercó a unos labios increiblemente ardientes.
Una lágrima corría por su mejilla cuando se separó de él.
-Cuida de Elena, es una buena esposa.

                         

Thursday, October 8, 2009

-¿Has ido alguna vez a prisión?
-Una vez... estuve A PUNTO.
-Oh... -esbozó una sonrisa malvada- pensaba que ibas a mentirme.


Cuando me dí cuenta de que la investigación en la que participaba traspasaba los limites de la legalidad era demasiado tarde. Demasiadas firmas en patentes a punto de ser aprobadas. Demasiadas evidencias de mi participación como para que la ignorancia sirviese para justificar mi inocencia. Tampoco quedaba exactamene claro si el dinero de la beca por la que trabajaba allí estaba limpio o procedía de investigaciones similares en la misma linea. Y, a decir verdad, tampoco estaba segura de que me importase.
Y entonces apareció TOM.
-Yo no lo llamo falta de principios, yo lo llamo sentido de la supervivencia.
-Oh, claro. Me encantais tanto vosotros, mentes maravillosas, con vuestras simplificaciones.
Siempre me había creido demasiado lista, pero en realidad sabía que no era una mente maravillosa. Por eso, también, sabía que no me iban engañar dos veces.
La oferta de Tom era sencilla, sin trampa. Él se ocuparía de todos los cargos, limpiaría mi nombre, quizás mi hiciese desaparecer del mapa, si era necesario. Yo sólo tenía que trabajar para él. SÓLO. Desde el momento en el que me lo planteó supe, o quise saber, todas las consecuencias que aquello acarreaba, pero, comparado con la larga condena en prisión que se me ofrecía como alternativa, trabajar bajo las ordenes de aquel poderoso mercenario salido de la nada me pareció siempre la mejor opción.


-Supongo que por fin sabes cómo acabé aqui.
-Supongo que al final va a ser cierto que te dejaste engañar.


Cinco.