Saturday, April 23, 2011

'Querido Charles:

Ha pasado largo tiempo, pero sabed que no os he olvidado.
Me alegra oir que os sonríe la fortuna en el Este. Yo también tengo buenas noticias... ESTOY PROMETIDA. ¿Quién podría creerlo, verdad?
Siento tanto no haberos escrito antes, pero de repente todos los días son a contra-reloj... cada mañana despierto pensando en pasear por el centro, y me encuentro con tres criadas recordándome todo lo que tengo que organizar. ¡Es escandalizador, y horrorosamente tedioso, Mr Doe!
Aún así, he conseguido prosponer mi despedida hasta una fecha aceptable. Nuestro querido Daniel y yo esperamos de veras que podais venir. Será a finales de junio, en La Buttoned.

Espero veros allí, de todo corazón,
Renèe.'

Arrojé la carta al fuego después de leerla tres veces, y miré el calendario. Estabamos a tres de marzo.



-¿Quien no ha visto esa pelicula? ¡Es un clásico!
-¿Cuantas peliculas has visto tú?
-¿Valen las porno?
-Nop.
-Una. Paseando a Miss Daisy, ¡es un clásico!

Friday, April 22, 2011



VIII.


-Vas a volver, ¿verdad?
Quedaban solo unas horas para la batalla, y una sensación de angustia creaba un molesto nudo en la garganta de Ghaldok.
Bebiendo un largo trago de vino deseó poder abandonarse aquella noche al alcohol en vez de a la sangre.
-Tranquila...

-¿La quieres?
Sorprendido se giró sin habla hacia su hermana.
-¿Qué?
-¿La quieres?
Se suponia que debía de estar furiosa. 
Había pactado una boda sin su permiso. Había trazado planes con Ariadne a sus espaldas. Había conseguido refuerzos, pero sin su consentimiento. Pero hacía meses que no la veia tan tranquila. Le miraba como un cordero a punto de ser degollado.
-No la conozco. No puedo quererla.
-Prométeme. Prométeme que la vas a cuidar, Ghaldok.

-Prométeme que vas a volver.
Era tan frágil y delicada. Tan rompible...

Entonces comprendió, abriendo muchos los ojos. Y no pudo evitar reir.
-Prométemelo - insistió.

'¿La quieres?' Ahora la queria.
-Vas a volver, ¿verdad?

-Te lo prometo.

*
*
-Puedo dormir esta noche contigo, si lo necesitas.
Aquella noche era diferente. Aún permanecia a su lado. Normalmente se separaba bruscamente de él dejándole reponerse y salía al balcón. Pero esta vez permanecia a su lado, rodeada por los brazos del guerrero.


-Levantate, Victor.
-Esta noche he sido valiente. Y ella no ha venido. Creo que lo ha olido.
-Apresúrate, vamos a conseguirte un caballo.
-¿De verdad? ¿Cómo el de Ector? ¿Para mi?
-Para ti solo.

-No lo necesito -dijo, deshaciendose de su abrazo, y dandole la espalda- Pero puedes quedarte a dormir si quieres.
-Victor...
Cronos la besó en el hombro y se giró tambien. Su vida se había roto el dia que la violaron y mataron a sus criados y el resto de su familia,  y con ella su emopatía y su capacidad de amar. Y él acababa de comprenderlo.

*
*
-La bella Chrysò. Más bella aun sabiendo que mañana será destruida, ¿no crees?
-Neoptolomeo.
El hombre alto, de barba y cabellos morenos se detuvo un momento a observar al joven que acababa de llegar. Ambos tenian el mismo marron claro en los ojos.
-Mircea.
-¿Me tienes miedo, Ariadne?
-Solo temo a la muerte.
Ciertamente era una mujer bella. Y fuerte. Sobretodo fuerte, capaz de soportar el heredero que él pretendia criar.
-Lo siento -murmuró el joven, para su sorpresa. Parecia asustado.
-¿El qué sientes, hijo mio?
Mircea abrió los ojos asombrado, pero trató de disimularlo.
-Si hubiera sabido que ella era... Bueno, llevaba ropas de criada. Yo... al fin y al cabo estabamos en guerra. Lo había visto tantas veces con mis propios ojos. Y habiamos ganado. Yo lideraba aquella partida. Me dijeron que todo lo que encontrasemos era mío. Mi trofeo. Habíamos ganado gracias a mí. Parecia que habiamos ganado. Yo...
-Calla.
-No deberian haberla obligado a tener el crio. Fue una humillación. Otra-añadió.
-Calla -repitió Neoptolomeo.
-Si, señor.
-Prometemos la justicia a nuestro pueblo. Pero, ¿qué justicia traemos? La justicia no existe en la guerra. Solo la crueldad. 
-¿Y la piedad, señor? ¿Y la misericordia?
-Piensa una cosa, ¿quien inició acaso esta guerra, nosotros o ellos? No voy a dejar que te mate mañana.
-¿Por qué?
-Porque ese hombre, Ghaldok, con su forma de protegerla a ella, me enseñó una cosa que los guardianes habiamos olvidado: la sangre. No voy a dejar morir a mi hijo.



Thursday, March 24, 2011

-Mi psicoanalista me advirtió que no saliera contigo, pero eras tan guapo que cambié de psicoanalista.

Sunday, March 20, 2011


'Daba la impresión de que el Universo me estaba mandando un mensaje.
Ah, no.
Era un whatsapp de mi ex, 
qué por qué no habia ido a ver la función escolar del niño ayer.
'Porque el niño no es mio. Es negro'
fue mi respuesta. 
Cornudo si, 
gilipollas no.
'Lo adoptamos, imbécil'
fue su siguiente mensaje.
Si no hubiera sido por la coma estratégicamente situada hubiera jurado que el insultado era el crio'

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Wednesday, March 9, 2011



Lo bueno de vivir con Jack era que, por mucho que protestase, me negase, y tratase de evitarlo, me mimaba.

Lo malo era que, como temia, me estaba acostumbrando a dejarme mimar.

Tuesday, March 8, 2011


VII.

-Es curiosa la politica, ¿no crees?
Estaba de espaldas a ella, pero sabía que era ella. Tenía que ser ella. Cronos debia de haberla enviado alli.
-Yo misma te comenté una vez algo asi. Hace mucho tiempo.
-La primera vez que vine al templo.
-La primera vez... -susurró Glaüka- Ha sido una larga tarde. Pensé que ya te habías ido.
-No puedo dormir.
-No puedo dormir...
-¿Por qué?
-Tengo miedo.
-¿De quien?
-De ella.
-Eres un cobarde, Victor. Un cobarde. Nunca serás un hombre.
-No quiero ser un hombre. ¡Solo quiero dormir!

-No puedo dormir.. -repitió para si.
-Deberias descansar para mañana.
-Mañana... ¿qué sientes, Glaüka?
-¿Qué siento? 
-¿No sientes remordimientos de tenerme aqui, junto a ti, viva? ¿No sientes... ¿No sientes asco?
-Siento miedo, y humillación, ya que lo preguntas.
-¿Y que sientes sobre que yo esté viva?
-No te entiendo...
-Hay quien cree que para evitar un mal mayor hay que sufrir un mal menos, ya sabes... politica. ¿No?
Pudo notar como las piernas de la sacerdotisa comenzaban a temblar.
-Es una creencia extendida.

-No podéis pasar.
Dos corpulentos mercenarios les cerraban el paso hacia el mirador.
-Ghaldok golpeó la columna furioso.
-¡Yo os contraté! ¡Yo soy vuestro capitán! ¡Dejadnos pasar!
-Ella ordenó que no pasara nadie.
-Algo terrible va a suceder... -murmuró Ariadne a su lado.
-¡Apártate! -gritó Ghaldok impaciente, empujandolo.
El mercenario se lo quitó de encima empujándole hacia atrás y tomó a la anciana por el cuello.
-¿Te vas a estar quieto, capitán? -sonrió, enseñando su dentadura podrida.
Sin pensarlo agarró el cuchillo de la cintura del otro guardia, que permanecia en shock, y lo clavó en su pierna, que soltó a la mujer gritando de dolor.
-¡Corre Ariadne! -la empujó liberandola de las zarpas del gorila, y se volvió hacia él mientras ella escapaba hacia el mirador.

-¿No tienes nada que decir? -inquirió.
-¿Qué quieres que diga?
-¿Por qué?
-Es impensable. Impermitible. No puedes masacrar asi a un pueblo...
-PUEDO -exclamó furiosa.
-Es inhumano hacer pagar a un pueblo por los pecados de un hombre. Mis mensajeros han de haber llegado ya a Chrysò. Es posible que Él ni siquiera esté en la ciudad.
-¿Cuando dices 'mis mensajeros' te refieres a ellos? -preguntó alargando las pequeñas manos hacia uno de los altares. Cómo habia ordenado a Cronos, dos cabezas reposaban envueltas en la sábana de la que tiraron sus largos dedos, rodando por el marmol hasta los pies de Glaüka.
-No...
La mujer murmuró algo aterrada y se dejó caer de rodillas en el suelo, ahogando una arcada.
-Clistenes y Polonio también están muertos. Y Zenón. Y Anaximenes. Todos ellos. ¡Todos!
-¿Cómo has podido convertirte en esto? Eras una niña... ahora te consumen la maldad y el rencor. Estos años te han destruido... No me equivoqué al hacerte tener a Victor.
-No hables de Victor.
-Él al menos te mantenia viva.
-¡CALLATE!
-Pero terminaste de morir con él.
-CALLA. Estoy viva, algo que tú no puedes afirmar.
-No estás viva. No eres más que un espectro -murmuró mientras el acero se clavaba lentamente en su vientre.
-Respiro. Tú estás dejando de hacerlo.

Había llegado tarde.
-Niña...
Se había arrodillado en el suelo, pasando los dedos por el charco de sangre que derramaba Glaüka, inerte sobre el mármol. Al verla alzó la cabeza y se encogió de hombros.
-Tenía que hacerlo. 
Ariadne la tomó en sus brazos y le acarició el pelo.
Contempló con tristeza el cuerpo de su compañera y suspiró. ¿Qué le habia ocurrido a su pequeña?
-Mañana todo habrá acabado.
Para su sorpresa ella correspondió a su afecto.
-Todo, Ariadne. TODO.


Wednesday, March 2, 2011

-En la prisión me dijiste que 
el Gobierno había descubierto que conocías
 información comprometida,
no que estabas infiltrada y habías sido instruida ilegamente.

-Bueno, tú me dijiste que 
habías intentado matarle, pero no que era 
tu padre.

Los dos nos reimos.
Hacía rato que los gemelos habían marchado a dormir,
solían ser siempre los últimos, pero nosotros no podíamos
aquella noche, no.
Al partir, habíamos pactado no hacer más preguntas de las necesarias,
y nos había funcionado.
Ambos sabíamos que estabamos allí por la misma causa,
fuesen cuales fuesen los motivos del otro,
pero eso no significaba que pudiésemos confiar en él.
Con el tiempo, apareció la confianza,
pero retuvimos las preguntas.

-¿Por qué?

La sonrisa despareció de su rostro. 

-Porque mi madre murió a golpes delante de mis ojos 
sin que yo pudiese hacer
 nada,
porque no ha habido momento en vida que no llevase tatuado un moratón en la piel,
porque a los diez años desperté con sus manos al cuello,
porque lo que él y su comité le hacen al pueblo
es sólo una metáfora de lo que 
hace él en su palacio.

Casi sin pensarlo
 pasé la mano por su hombro tapado.
Asintió a mi pregunta muda, desviando la mirada.
Yo había visto muchas veces ya aquella extraña cicatriz,
pero siempre había dado por hecho que no la había tenido antes de estar en la cárcel.

-Lo siento.

-No tienes por qué.
Un niño débil y enfermizo no es un heredero digno,
al parecer ni siquiera tiene derecho a vivir.

-¿Crees que estaríamos aquí 
si hubieses tenido buena salud?

-¿Estaríamos aquí si tu abuelo no hubiese fundado la resistencia
y reagrupado a los aliados?
Oh, sí, yo también he atado cabos.

No fuí capaz de esconder mi asombro.
Me encogí de hombros.

Mi mano aún seguía en su hombro,
la cogió para apartarla, pero nuestros dedos se entrelazaron,
sin embargo.
Nos habíamos rozado antes,
durante noches frías, para darnos calor,
pero la brisa que venía del jardín aquella noche era suave, y agradable.
Nos habíamos sujetado el uno al otro, durante el viaje,
pero ambos permaneciamos firmes en aquél sofá.
Habían sido ocho largos meses,
sin más contacto humano.

-Me alegro de que estemos aquí,
de todos modos.











Saturday, February 26, 2011

4am
Sábado
Mensaje.
'¿Dónde estás?'
El hermano de Joline.
¿Por qué *** le di mi número? No. Se lo dió Joline. Si algún día vuelve me va a oir.
Modo avión.
1152pm
Domingo
Las ventanas de casa tienen luz.
Maldigo en voz alta y un mendigo se aleja de mí, asustado.
Nadie tiene llaves de casa. Nadie excepto Tom.
Subo los siete pisos arrastrando los pies con la certeza de lo que me espera al llegar: la puerta cerrada por dentro.
Me apetece gritarle pero me contento con aporrear la puerta. Le doy una patada que siento a través de las botas y me siento en el suelo a esperar. Quizás un par de horas después se abre la puerta a mi izquierda.
-Se acabó el drama, barbie. Ya ha pasado un mes.
No me muevo.
Me coge en brazos y me lleva al salón.
-He dicho que se acabó. Y lo digo en serio-repite.
No me apetece discutir.
-Le echo de menos, Tom.
Se sienta a mi lado.
-Ya. ¿Y qué? ¿Te crees con más derecho a llorarle que yo? ¿O acaso crees que pasar las noches drogada va a hacer que vuelva? ¿Cuantas noches has vuelto y ha estado aquí? ¿Te crees con más derechos que todas las viudas, madres, hijas y hermanas de todos los hombres que mató él? ¿O tú o yo?
Lo peor es que todo lo que ha dicho él ya lo he pensado yo.
-Siempre pensé que me matarían antes a mi.
-No te voy a dar vacacciones.
-No.
-Me da igual que llores por las noches. Sé que puedes seguir haciendo tu trabajo perfectamente.
Le miré fijamente.
-A veces disfruto, Tom. Y no me arrepiente sentirme así.
Sonríe tristemente y me besa la frente.
-Tenemos que sobrevivir, barbie.
Recoge sus cosas y se dirige a la puerta, pero se gira antes de llegar y me mira muy serio.
-Sólo puedes tomar éxtasis tres veces al meses. Y olvídate de la coca, el LSD y todo lo demás. Es una orden.


Hace dos semanas que me visitó Tom. La noche siguiente fue la primera desde el entierro que no tomé nada. Al contrario de lo que esperaba la tristeza no es mayor, anoche incluso le sonreí a un niño pequeño sin querer.
Ya tengo todo lo que necesito saber de mi objetivo, pero prefiero hacer tiempo antes de volver a casa a terminar el informe. Se me hace extraño caminar sóla frente a la puerta de La Bohème, pero sin saber por qué acabo parada en la acera de enfrente.
-¿Hoy no entras?
Me sobresalto al oir su voz a mi lado. Balbuceo algo patético.
-No, no-consigo decir-Estoy operativa.
-No como hace unas semanas... ¿eh?
-Calla.
-Oye-me toca la mejilla-Me lo dijo Joline el otro día...siento lo de Jack.
-Gracias.
Sigue teniendo la mano en mi mejilla. Se la aparto.
-¿Quieres que te acompañe a casa?
-No hace falta.
Se ríe un poco.
-Te acompaño hasta el rellano.
Me agarro a su brazo y comienzo a andar.
-¿Qué sabes de Joline entonces?
Se encoge de hombros.
-Trabajando. Sólo me llamó por lo de Jack. Desde que cambió de jefe apenas la veo. ¿Estabais juntos?
-No.
-Siempre me pareció que le querías.
-Era mi compañero. Nos cuidábamos.
-Yo puedo cuidarte ahora.
-Pablo no me vaciles, ahora no.
Se para en seco.
-¿Quién más sabe lo que haces? Vamos, ¿con quién más te has acostado que no sea Jack en los últimos seis años tenga una ligera idea de quién eres?
-Tú eres una buena persona, nosotros sobrevivimos-citó a Tom sin querer.
-Y no os judgo.
-Cuida a la azafata o la enfermera, que seguro lo necesitan  más que yo.
Se rie en mi cara.
-Me voy a África mañana. Vuelvo en dos semanas. Haz lo que tengas que hacer y vente conmigo a Copenhague, tengo una conferencia de tres días allí.
Me suelta y echa a andar.
Cómo le encantan los faroles.
-¡Eh! ¡Pablo!
Le sonrío cuando se gira y le lanzo la única copia que tengo de las llaves de casa. Sé que las coge al vuelo porque no las oigo caer. Camino hacia el portal sin mirarle.
Por primera vez en mi periodo de luto asumo que ya no está Jack.
Mientras Pablo me alcanza escribo a Tom para confirmarle algo que ya sabemos los dos desde hace días.
'Necesito cita en la clínica.
Voy a abortar'.





Siete

Friday, February 25, 2011


-Tiene la dama unos ideales curiosos. Me sorprende usted.
-No lo creo. Lo que le soprende es la idea de que alguien como yo pueda tener ideales.


Thursday, February 24, 2011


-Tiene su desarrollo.
-La decadencia me fascina más.
-¿Qué es el arte? -preguntó la duquesa.
-Una enfermedad.
-¿Y el amor?
-Una ilusión.
-¿La religión?
-Sustituto elegante de la fe.
-Oh, eres un escéptico.
-Nunca. El escepticismo es el comienzo de la fe.
-¿Qué eres, entonces?
-Definir es limitar.
-Dame una guia.
-Se han roto los hilos, te perderías en el laberinto.
-Me aturdes, hablemos de otra cosa.
-Nuestro anfitrión es un tema delicioso. Fue bautizado hace años con el nombre del Príncipe Encantador.
-¡Oh! No me recuerde usted eso. -exclamó el aludido.
-Nuestro anfitrión está más bien desapacible esta noche. -protestó ella.